Mostrando entradas con la etiqueta tomada jefe de gobierno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tomada jefe de gobierno. Mostrar todas las entradas

“No hay consenso posible con el trabajo esclavo”

El titular de la cartera laboral afirma que el Gobierno mantendrá como prioridad la lucha contra el empleo precario. La reacción de las patronales, el recambio en la UIA y su candidatura en la Ciudad.

Por Luz Laici

En las últimas semanas, su ministerio absorbió buena parte de la atención pública. El destape de los escandalosos casos de explotación laboral en el campo, la resolución de la pulseada por la contratación de los tercerizados del ferrocarril Roca y la inminencia de las paritarias aportaron vértigo a la habitual procesión de conflictos que a diario circulan por el ministerio. Pero Carlos Tomada no es de los que incorporan la hiperkinesis y la retransmiten con estridencia. Más bien la metaboliza, formando una cadencia pausada al hablar que potencia sus cualidades de negociador. Al fin y al cabo, de eso trabaja un ministro de Trabajo: administra antagonismos, teje acuerdos. Pero eso no quita, claro, que existan límites precisos para los consensos. Y el trabajo esclavo, dice, es uno de ellos.

–En los últimos días se conocieron denuncias sobre trabajo rural en condiciones de explotación ¿Cómo evalúa esos casos?

–Ya por septiembre de 2003, con Néstor Kirchner, lanzamos el programa de trabajo registrado. De entrada pensamos que era un tema que había sido ignorado, cuando no fomentado, por las políticas públicas de los noventa e incluso desde antes. Si uno repasa la propuesta ideológica de quienes lo ponderan, el trabajo no registrado tiene las virtudes que esa ideología sostiene. Es un trabajo sin regulaciones, sin negociación colectiva, sin indemnizaciones, sin sindicatos y barato, porque no tiene cargas sociales. Eso contribuyó a que creciera año tras año. Recién empieza a descender a partir del 2004 al calor de un patrón productivo que genera creación de puestos de trabajo pero también, y principalmente, trabajo más formal. Esto no quiere decir que desaparece el trabajo no registrado. Veníamos, como dicen los economistas, con un stock muy alto de ciudadanos y ciudadanas que no tenían acceso a los derechos que les correspondían.

–¿Cómo intenta revertir ese proceso?

–Es una tarea ardua, porque nos encontramos con que estas cosas estaban muy instaladas, muy naturalizadas. Nuestros inspectores tenían problemas muy serios para sacar fotos, intervenir, inspeccionar, nos han dado vuelta camionetas… Lo primero que hicimos fue recrear la cultura del trabajo. Esto es clave, porque veníamos de muchos años de desocupación alta que instaló en los trabajadores y las trabajadoras una suerte de disciplinamiento por vía del terror, del miedo a perder un empleo y pánico a no conseguirlo. Pero Kirchner planteó otro paradigma. Colocó al trabajo en el centro de las políticas públicas como eje del proceso de crecimiento, y no como una variable que iba a mejorar si las cosas mejoraban en general. Ya no más aceptar un trabajo degradado antes que ningún trabajo, sino fortalecer el trabajo decente, como dice la OIT, trabajo digno, con protección social. Y en esa dirección fuimos.

–¿La creación de empleo empujó la toma de conciencia?

–Exacto. En la medida que se generaba empleo, y estoy hablando de cinco millones de puestos de trabajo, en la medida que funcionaban las paritarias y se recuperaba el valor del salario, en la medida en que la tarea de inspección sumaba a todos los sectores de control del Estado y empezaba a tener presencia, fue cambiando el escenario en el que desenvolvían las relaciones laborales. Los trabajadores fueron perdiendo el miedo, porque sabían que la estabilidad era una posibilidad cierta, que conseguir un nuevo puesto de trabajo era posible, podían tener expectativas de conseguir otro puesto y que la negociación colectiva intervenía en las condiciones laborales y salariales. Un buen ejemplo de esto es la lucha de los tercerizados. Estas negociaciones no son de ahora, sino que empezaron antes del conflicto. Nosotros ya veníamos trabajando con la regularización del empleo en las empresas telefónicas, en las de energía, en las empresas ferroviarias. En todo caso, ahora emergen porque hay conciencia de que las condiciones de trabajo tienen que ser equilibradas y responder a una lógica de igual trabajo–igual remuneración. Otro ejemplo es el trabajo esclavo, que se vuelve visible a partir de que los trabajadores se atreven a ir a la delegación del Ministerio de Trabajo a hacer una denuncia, y el funcionario del ministerio va a la Justicia. Esto es lo que está cambiando.

–Varios sectores observan cierta asimetría entre el crecimiento de la economía y la persistencia del trabajo precario…

–No es así la cuestión. Nosotros no creemos que hay que esperar al crecimiento económico para después ocuparnos del empleo. Y cuando esté el empleo, ocuparnos de otras cosas. Creemos que hay que avanzar en todos los temas. Este gobierno ha demostrado que es posible crecer económicamente y, al mismo tiempo, incluir. Es posible tener un patrón productivo basado en la industria, en el mercado interno, en el consumo y, a la vez, mejorar empleo y salarios. Lo que sí es cierto es que existen etapas que van generando algo dialéctico. Hay etapas que generan conflictos que dan lugar a la otra etapa, y así. Pero todo se hace porque hay una dirección política que defiende al trabajo, a la posibilidad de mejorar la distribución del ingreso y a pensar que el pleno empleo es posible en la Argentina. Este es un gobierno que está en la antípoda de las caracterizaciones que algunos sectores de la izquierda extraparlamentaria están planteando. Y no es solamente una polémica con ellos. Es ver lo que está pasando, lo que se fue transformando y también ser conscientes de todo lo que falta. No estamos diciendo que este es el mejor de los mundos. Ningún funcionario que tenga responsabilidades institucionales y políticas en nuestro país dice ni va a decir que la tarea está concluida. Yo llevo ocho años de ministro de Trabajo pero soy plenamente conciente de que nos falta mucho. Puedo disentir en la mirada ideológica que planteaba Mariano Ferreyra, pero los valores a los que apuntaba y el hecho concreto que estaba defendiendo tienen mi más absoluta coincidencia.

–En el caso de los tercerizados, ¿la especulación político–partidaria obstaculizó la resolución del conflicto?

–Lamento esas posiciones que, en realidad, responden más a un planteo del conflicto por el conflicto mismo, en lugar de señalar los avances. A mí no me molesta que frente a determinados obstáculos haya habido reclamos. Pero habría que analizar si la dirección en la que vamos conduce a la solución del conflicto en los términos en que la presidenta se comprometió. Un problema con un grupo de cincuenta personas sobre 1500 a las que estamos regularizando no puede generar un corte de vía por tiempo indeterminado. Me parece que hay una relación entre causa y efecto, entre daño y resultado que también tiene que tener una evaluación por quienes conducen políticamente estos conflictos.

–¿Cómo observa la reacción de la Mesa de Enlace ante la difusión de casos de explotación rural?

–Me preocupa la actitud que tomaron muchos sectores que tienen responsabilidad con este tema. Cuando la presidenta me instruyó para que concurriera a la reunión de la Mesa de Enlace con el ministro de Agricultura ellos sostuvieron que era un tema ajeno a ese debate. Pero si se habla de subsidios, de rentabilidades y de beneficios que ayudan a que a ese sector le vaya bien, también les debe ir bien a los trabajadores. Por eso le pedí a los responsables de ese agrupamiento patronal que expresaran su rechazo a este tipo de prácticas. Porque si no hay manifestaciones expresas de quienes tienen responsabilidades institucionales y dicen representar a todo el sector, la lectura es que les parece normal o natural esa situación. En aquella reunión hubo reacciones dispares a mi planteo. Eduardo Buzzi y la Federación Agraria lo respaldaron; no así los otros. Incluso algunos señalaban que eso era mentira, que para un estanciero los peones rurales son como de la familia. A mí no me importa que sean como de la familia sino que le respeten los derechos. Y en eso insiste siempre la presidenta: estamos hablando de derechos. El diario La Nación tuvo editoriales vergonzosos en su tribuna de doctrina pidiéndole al ministro de Trabajo que sea equilibrado. Le he señalado, con todo respeto, que el Ministerio de Trabajo y este gobierno no son equilibrados con esos temas. La presidenta fue muy clara respecto a cuál es la concepción política e ideológica que defendemos y es opuesta a quienes entienden que se pueden maximizar ganancias mediante estas prácticas. Ahí no hay coincidencia. No hay consenso posible con el trabajo esclavo. Y no habrá tregua.

–A propósito de consensos, ¿fracasó el lanzamiento del Consejo Económico y Social?

–El proceso de construcción del diálogo social y, más aún, su institucionalización no tiene fecha de vencimiento. Es una construcción colectiva que se viene dando. Pero cuando uno ve, por ejemplo, la renuncia de Héctor Méndez en la UIA, se pregunta si están dadas las condiciones en términos de representación. Hoy funciona una suerte de pacto social implícito que es lo que, en definitiva, sostiene el más largo período de funcionamiento de la negociación colectiva que recuerde la Argentina democrática.

–Ya que mencionó a la UIA, ¿el Gobierno interviene en el recambio de cúpula, como denuncian algunos industriales?

–No creo ni me consta la intervención del Gobierno. Tiene que ver más por cruces de intereses propios que por injerencia de terceros. Es muy lindo eso de echarle responsabilidades a este Gobierno, cuando tanto la UIA como las organizaciones sindicales han puesto y han cambiado sus autoridades como han querido. Entonces, zapatero a sus zapatos. Cada uno que se haga cargo de cómo logra coordinar los intereses dispersos en una representación al máximo nivel. Espero que la UIA lo resuelva pronto, porque nosotros necesitamos y fortalecemos la necesidad de contar con esos niveles de representación.

*Entrevista publicada por la Revista 23

TODOS LOS BARRIOS MITRE por Carlos Tomada*

Recorriendo la ciudad de Buenos Aires hemos escuchado muchas historias de vida. Reclamos. Necesidades que son consecuencia de años de políticas de ajuste que todavía sobreviven. Una de las historias que mejor reflejan cómo se traducen esas políticas en situaciones concretas es la del Barrio Presidente Mitre, ubicado en Saavedra. Fue fundado en 1958 como solución de emergencia para ubicar a las víctimas de un incendio en una villa cercana. La idea original era, mientras se reubicaba a los damnificados, avanzar en una construcción sobre la calle Melián. El objetivo de trasladarlos finalmente a viviendas en condiciones dignas nunca se cumplió. Durante la década del ’90, Carlos Menem vendió el territorio destinado a la construcción de las viviendas prometidas. Sobre él se asienta hoy un hipermercado que, lindante con el Barrio Mitre, evidencia las profundas desigualdades que subsisten en nuestra ciudad y las prioridades de gestión que tienen determinados sectores. Siguiendo con viejas costumbres, el Estado “emparchó” y el barrio de emergencia se asentó como hábitat permanente en un complejo habitacional administrado por el Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). Como demuestra este caso, la emergencia habitacional que sufren los porteños es fruto de decisiones políticas específicas. Que se traducen en décadas de abandono. Un abandono que no ha tenido fin. No se trata entonces de una “inmigración descontrolada”. Ni de ninguna otra justificación xenófoba a las que nos quiere acostumbrar el jefe de Gobierno de la Ciudad. Todo lo contrario. Así lo demuestra el veto del gobierno de Macri a la ley votada por unanimidad en la Legislatura que establecía una prórroga a la emergencia habitacional. Legitima, así, su de-sinterés por la situación del Barrio Mitre y de tantos otros asentamientos precarios y villas de la ciudad. Si tomamos en cuenta que el veto es del 13 de enero de 2011, es decir, luego de las crisis del Parque Indoamericano y el club Albariño, la situación es aún más grave. Por si esto fuera poco, hasta el tercer trimestre de 2010 el IVC ejecutó apenas el 18,9 por ciento de su presupuesto. Esta historia no es única. Desgraciadamente. El Barrio Mitre es un claro ejemplo del desprecio por lo público del que nadie se ha hecho cargo. Y es una muestra del compromiso que debemos asumir quienes peleamos día a día por una sociedad más justa e igualitaria. Años de abandono convirtieron un proyecto originalmente alentador en una situación de precariedad para este barrio. A merced de las reglas del mercado inmobiliario quedó desamparado. Sus habitantes resisten con lo único que no les pudieron quitar: la dignidad.

*Precandidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Ministro de Trabajo de la Nación

EN LA CIUDAD TOMADA SE HACE CARGO

Con el acompañamiento de organizaciones sociales, intelectuales y flanqueado por la Ministra de Seguridad de la Nación, Nilda Garré, y la Presidenta del Banco Central de la República Argentina, Mercedes Marcó del Pont, CARLOS TOMADA lanzó su candidatura a JEFE DE GOBIERNO de la Ciudad afirmando que "Estamos replicando el kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires".
En su discurso, Tomada señaló que militar en política "es hacerse cargo de los problemas de los demás, de luchar para que eso cambie y estar codo a codo con los ciudadanos". "Esta militancia la tenemos que poner al servicio de un Gobierno en la ciudad", destacó Tomada, y advirtió que ésta "no es una elección cualquiera, no hemos venido a ver quién es gobierno, sino que hemos venido a ver quién tiene el poder".
"Nosotros pensamos que la Argentina tiene que estar buena para todos y ellos (por el macrismo) dicen que la ciudad va a estar buena, para unos pocos". "Este es el tiempo de construir igualdad", dijo citando a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Por lo tanto, Carlos Tomada subrayó que tanto él como su espacio político desean "una ciudad más igual, más segura y más productiva".
En el lanzamiento de su candidatura a Jefe de Gobierno, Tomada estuvo acompañado por el Secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde; los diputados nacionales Carlos Kunkel y Diana Conti; y el Presidente de la agencia Télam, Martín García. También estuvieron presentes Fernando Melillo, Ricardo Forster, Luis D`Elía, Fortunato Malimacci, Olga Hammar, Abraham Gak, Matías Barroetaveña y Ernesto Jauretche. Además estaban presentes los integrantes del Cabildo Abierto de los Peronistas Porteños, entre los que se destacaron Carlos Benítez, Kelly Olmos, Jorge "Quito" Aragón, Carlos Montero, Claudio Heredia, Cristina Navazo, Enrique Masllorens, Guillermo Oliveri, Lorena Pokoik, Héctor Fernández y Tito Ypas.
En la Ciudad, Carlos Tomada se hace cargo.

CARLOS TOMADA: "Buenos Aires no puede continuar con estos niveles de inequidad y esto requiere intervenir"

Entre los tres precandidatos kirchneristas “Nos diferencian matices”

Por Julián Bruschtein - Página/12 Domingo 23 de enero de 2011

La ciudad de Buenos Aires es el lugar de militancia activa del ministro de Trabajo desde hace años. Con el apoyo de diversas organizaciones sociales, sindicales y políticas sobre sus espaldas esta vez llega a un año electoral como precandidato a la Jefatura de Gobierno por el kirchnerismo. “Nos diferencian matices, pero nos une el proyecto nacional”, aseguró a Página/12 sobre los otros dos candidatos oficialistas: el senador Daniel Filmus y el ministro de Economía, Amado Boudou. Define al gobierno de Macri como “malo”, dice que el proyecto de la derecha en la ciudad “falló por culpa de sus propios hacedores” y reflexiona que “éste es el momento para que el kirchnerismo ingrese al Ejecutivo de la ciudad”.

–Se están sumando espacios políticos que lo apoyan como precandidato...

–Hay espacios que se han ido conformando como el Cabildo Abierto del peronismo porteño que ha hecho una expresión de su deseo de que yo me postule a jefe de Gobierno, así como también un grupo grande de organizaciones sociales. Es una cosa que valoro y agradezco y vamos a ir viendo cómo consolidamos esto en una decisión de avanzar en ese sentido, pero la verdad es que todos estamos trabajando en una idea muy clara, que es que quien va a disputar esta elección es el kirchnerismo, quien va a confrontar electoralmente con el actual gobierno de la ciudad es una fuerza política que es claramente el kirchnerismo porteño. Por eso el tema de los nombres no me parece relevante, en todo caso es bueno que militantes, hombres de gobierno, legisladores se estén planteando construir esta fuerza política como lo hacen Daniel Filmus o Amado Boudou, porque entre todos podemos hacer que la propuesta sea bien importante.

–¿Dónde se pueden encontrar las diferencias entre los tres?

–Es difícil, porque tal vez sean matices. Los tres expresamos una convergencia de lo que significa el peronismo, sus fuerzas políticas aliadas, de respeto por la pluralidad de aportes que el kirchnerismo ha significado. Por las distintas identidades políticas que confluyen en su conformación me parece que en una ciudad tan compleja y diversa políticamente como Buenos Aires los tres expresamos esta pluralidad convergente, creo que somos complementarios. Es un gusto poder formar parte de la propuesta.

–Es la primera vez que el kircherismo tiene tantas opciones para la Capital. ¿A qué lo atribuye?

–Es importante lo que dan cuenta en las encuestas en materia de imagen de la Presidenta, pero todos nosotros venimos trabajando hace mucho tiempo en la ciudad de Buenos Aires. Yo vengo militando desde siempre, pero particularmente desde la campaña del 2007, cuando acompañé a la Presidenta como primer candidato a diputado en la ciudad y me parece que trasciende el momento. Estos datos revelan cuál es el grado de desarrollo y de posibilidades del kirchnerismo, producto de la imagen del gobierno nacional, pero también por el descrédito en el que ha caído la propuesta en los hechos concretos de quienes gobiernan en este momento a la ciudad.

–En 2007 el kirchnerismo planteaba que si ganaba Macri era la cabeza de playa para la derecha de camino hacia la presidencia. ¿Se puede decir que eso fracasó?

–Falló por el lado de los propios hacedores de la propuesta. Una derecha moderna sigue pendiente en términos de construcción de fuerza política. El PRO quiere ocupar ese lugar y tiene otros aliados que están esperando el momento oportuno para exhibirse como tales, pero me da la impresión de que para ser la cabecera de playa debería haber tenido otra gestión y otra propuesta. Muchas intervenciones de los últimos tiempos de Macri van en dirección a fortalecer un discurso propio de la derecha, no tan moderna como se presentaba en algún momento, pero de manera tal de fortalecer su imagen como el candidato de las fuerzas de la derecha en nuestro país.

–¿La gestión del gobierno macrista qué les deja a los porteños?

–Yo tengo mucho respeto por las bicisendas, pero me hace acordar a esas gestiones breves que lo único que hacen es inaugurar o aprobar lo que venía de la gestión anterior. Esto vuelve a mostrar que ser servidor público, funcionario público, gestionador de políticas públicas no es para cualquiera. No es una mera transferencia de habilidades y conocimientos aprendidos en la gestión privada, donde el lucro es un elemento central. Hay que saber de lo público y sobre todo hay que sentir lo público, esto es lo que nos diferencia del actual gobierno porteño desde el punto de vista ideológico y político.

–¿Cuáles serían lo puntos centrales de una gestión de Tomada en la ciudad?

–Más allá de los hechos recientes que han ocurrido, la vivienda es un tema prioritario porque es uno de los ordenadores sociales más importantes y una de las expresiones más claras de la movilidad social. Buenos Aires no puede continuar con estos niveles de inequidad y esto requiere intervenir. Cuando digo esto lo digo pensando en todo lo que nos falta en materia de salud, lo que pasa con educación: no puede ser que no se pueda dar respuesta a lo que hoy es reconocido en el mundo que es la posibilidad de que los niños de temprana edad puedan concurrir a las llamadas guarderías.

–Existe la idea de que en la ciudad de Buenos Aires la realidad política del país llega un poco más tarde que en el resto del país. ¿Puede ser el momento para el kirchnerismo?

–La ciudad muchas veces se ha considerado a la vanguardia para algunos temas, pero termina siendo en determinados momentos históricos como la última en integrarse y muchas veces se transforma en un punto de resistencia para entrar en un proceso histórico que es más abarcativo desde las provincias. Y cuánta perdida y cuánto retraso para el proyecto nacional y popular han significado esos momentos en que Buenos Aires no ha estado acompañando ni dando testimonio de su supuesto rol de vanguardia del pensamiento. Quizás éste sea uno de los momentos de sumar a la ciudad al proyecto nacional y popular que conduce Cristina Fernández de Kirchner con la impronta del modelo instalado en el 2003: dignidad del trabajo, la reparación de la deuda social, la igualdad y la ampliación de derechos.

–¿Qué opina de que la CGT haya respaldado la candidatura de Amado Boudou?

–El movimiento obrero en la Argentina siempre ha jugado, además de su papel de defensa de los intereses de los trabajadores, con un rol político, ha tenido candidatos y siempre tuvo una presencia en el escenario político. Desde ese aspecto, me parece razonable que haya expresado su apoyo a la candidatura de Boudou. Mi vínculo con la CGT tiene que ver con la gestión, con la negociación, con el empleo, con las tareas de combate al trabajo en negro. El diálogo y los consensos son importantes y se han ido consolidando a través del tiempo. Son dos planos diferentes. Hugo Moyano está en su derecho de expresar a quién va a acompañar, en este caso al ministro de Economía. Obviamente, hay también organizaciones sindicales que me han hecho saber su apoyo a la posibilidad de que yo sea precandidato.