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Mi Buenos Aires Querido... es tu destino de furia


Buenos Aires se ve tan susceptible... El 47% de los porteños y porteñas respaldó con su voto al actual Jefe de Gobierno, Mauricio Macri.
Atribuirle una razón a semejante apoyo popular no es posible. Muchas y variadas deben ser la razones por las cuales se expidió el "soberano". Eso sí, podemos afirmar que no han sido las grandes obras, ni la sensibilidad social de los gobernantes de la Ciudad lo que ha motivado el voto de los porteños y porteñas.
No obstante, quienes asumimos la responsabilidad de comprometernos con la política tenemos que reflexionar acerca de cuáles han sido los errores propios, no se debe buscar "la paja en el ojo ajeno y obviar la viga en el propio". A boca de jarro, la primera expresión que surge es que le hemos estando hablando a la ciudadanía de la Ciudad de Buenos Aires en otro idioma porque nuestro mensaje, nuestras ideas no han sido interpretadas. Tampoco se supo o se pudo interpretar a la sociedad porteña.
Lo que debemos preguntarnos es por qué el marketing con sus globos de colores y sus apelaciones sentimentaloides le ganaron a la política. Y de nuevo podemos respondernos que estamos hablando en idiomas diferentes. Entonces, de lo que se trata, es de entender que estamos dando una batalla cultural en la Ciudad y que en esa Ciudad estamos perdiendo la batalla cultural por goleada. Es una batalla cultural porque los votantes no quisieron escucharnos y nosotros no supimos llegarles, prefirieron ver la vida en colores y con globos. Las razones por las cuales no querían escucharnos seguramente tiene que ver con cierta apatía generalizada por la política y por la "cosa pública" pero también porque nosotros le hablamos de cosas que no entendían o que no les importaba o que no las sentían como cercanas. ¿Culpa de ellos? NO, culpa nuestra, que no supimos o no pudimos interesarlos e involucrarlos.
Ese 47% que votó a Macri no debe darnos ni asco, ni pena, debe ser un llamado de atención, una alarma que nos indica que debemos repensar al Frente para la Victoria como fuerza política y social porteña además de nacional. La construcción política y la organización social resultan indispensables a la hora de transformar a la política como instrumento de cambio y de transformación, y esa tarea ha sido postergada durante mucho tiempo... Es ahora.
Más allá del resultado, lo que nos ha dejado la última elección es la irrupción en el escenario ciudadano de una nueva representación política, para los ganadores y para nosotros, los representantes en la Junta Comunal o "comuneros". Una representación política que deberá asumir el desafío del momento, una representación política de inmediatez con sus representados que tendrá que cargarse en su mochila la ardua tarea de construir una fuerza política, el Frente para la Victoria, con arraigo territorial y anclaje en la realidad que vivimos porteños y porteñas.
La furia demostrada por el electorado el pasado 10 de julio al rechazar el cambio y la furia de muchos por esa expresión popular deben ser reencauzadas por la militancia y por la política, es nuestro destino de furia el que debe darnos energías para hacer de Buenos Aires la Ciudad más igualitaria de la Argentina.
Todavía es posible y si no, que sepan que somos muchos los que estamos de este lado.

Publicado por DIDI (Juan Manuel Di Teodoro) en www.buenosairesfuria.blogspot.com

MACRI VIOLA LA CONSTITUCIÓN DE LA CIUDAD

En la Ciudad la democracia está en su peor momento

Por Carlos Tomada *

Hace poco tiempo, el jefe de Gobierno porteño expresó conceptos desafortunados sobre la democracia en nuestro país. Como una paradoja, unos días después nos ilustró sobre los modos con los cuales se puede despreciar la Constitución de la Ciudad. Lo hizo con el alto argumento de la protección de la libertad de expresión.

Con el decreto 2/11, Macri crea figuras contravencionales. Violenta las reglas, la Constitución Nacional y la de la Ciudad, así como los tratados de derechos humanos. De esta manera pretende perseguir las luchas sindicales de los trabajadores de los medios. Utiliza la excusa de prevenir hechos inminentes, como las acciones sindicales por todos conocidas.

En realidad, esto es lo menos complejo. Lo que trasunta la medida es un espíritu de sobrepasar y pisar las facultades del Poder Legislativo de la Ciudad. Y, de un modo menos evidente, intenta transformar a los medios de comunicación en los únicos titulares del derecho a la libertad de expresión. Esto es lo que junto a legisladores y representantes de la mayoría de las fuerzas políticas porteñas denunciamos en la Legislatura el miércoles pasado.

La división de poderes violada

El artículo 81.2 de la Constitución de la Ciudad reclama mayoría especial para la sanción del código contravencional y de faltas. Su artículo 103 define que los decretos de necesidad y urgencia son excepcionales. Estos no se aplican a cuestiones de procedimiento penal, materia tributaria o electoral. Lo grave es que no sólo la Legislatura está funcionando, sino que la creación de figuras contravencionales es una facultad que no puede ser ejercida por el jefe de Gobierno.

La separación de poderes y el sistema republicano de gobierno no pueden ser puestos en jaque. No es una materia disponible por las provincias ni por la ciudad de Buenos Aires. Así lo dice la Constitución Nacional en el artículo 5. Esto se corresponde no sólo a cuestiones de política interna, sino al respeto irrestricto de principios de derechos humanos. Como si esto no fuera suficiente, la opinión consultiva 6/86 de la Corte Interamericana requiere que las normas represivas estén dictadas por los cuerpos legislativos pertinentes. Además, exige que sigan las reglas de procedimientos constitucionales aplicables como condición de su validez. Nada de esto parece tener importancia para quien debería dar ejemplo de apego a la institucionalidad.

Claramente, la decisión adoptada por el jefe de Gobierno implica una violación a la Constitución. Y la ignorancia total y completa de sus normas. Normas que permanentemente dice que hay que cumplir. Con este tipo de propuestas express –que parecen nacidas del oportunismo y a la medida de intereses económicos concentrados– involucra a la Ciudad en un conflicto en el que no tiene ninguna competencia.

Reclamar no es atentar

El decreto ignora estándares de derechos humanos que ratifican que la libertad de expresión es un derecho de carácter universal. Asume que los únicos que pueden ejercerla son las empresas y que la defensa de los derechos de los trabajadores son una mera herramienta de entorpecimiento de su funcionamiento. Porque es natural y obvio que un paro de trabajadores de los medios de comunicación afecta la circulación de las informaciones. Ello va de suyo. Es una cuestión retórica. Lo que se debe discutir es si esa afectación es arbitraria o surge del ejercicio legítimo de un derecho.

A lo largo de la historia de los medios de comunicación, sus trabajadores han realizado protestas. Han retirado sus firmas y ejercido la cláusula de conciencia. Han hecho paros. Huelgas. Bloqueos. No es cuestión de avalarlos necesariamente, pero sí de dejar en claro que no se trata de ataques a la prensa. Hechos ocurridos en Italia, España, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Francia así lo demuestran. Las entidades oficiales o de derechos humanos o de libertad de expresión en estos países no registran estas medidas como embates a los medios de comunicación.

No quiero dejar de insistir en el atropello a la institucionalidad. Es lo más serio. Lo más grave. La cuidadosa selección de antecedentes para justificar este decreto de necedad –y no de necesidad– deja ver que a Macri no le interesa la libertad de expresión. Tampoco los derechos humanos. Lo que sí parece preocuparle es dejar en claro que el Estado “es él”. Menos mal que no es cierto. Porque si no se harían realidad sus desubicados dichos acerca de “que la democracia está en su peor momento”. Al menos en la ciudad de Buenos Aires.

* Ministro de Trabajo – Precandidato a Jefe de Gobierno


http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-166694-2011-04-21.html